Llevo un par de años enamorado de la literatura de Stephen King. Empecé leyendo "Cementerio de Mascotas" y "Cujo", pero después de eso perdí completamente el rumbo. La cantidad de obras firmadas por el "rey del horror" es apabullante, y lo mejor/peor es que muchas de sus historias están relacionadas entre sí. Leí "El resplandor", "La caja de botones de Gwendy", "Christine", y después de varios meses de perdición vi la luz y encontré lo que a día de hoy llamo "el camino".

"El camino" no es otra cosa que un sistema de lectura o una forma de enfocar el infinito material de King (para mí, la mejor forma). Se trata de leer la saga más reconocida por los seguidores del autor, "La Torre Oscura", junto a todos los libros relacionados con ella, y de vez en cuando elegir algún libro "a dedo", ya que al final del día lo más importante es la aventura. Como cualquier sistema, tiene truco: debe seguirse cierto orden "iluminador", de modo que a medida que vamos leyendo obra tras obra nos sumergimos cada vez más en el universo creado por King (y por ende, en la mente del escritor), hasta que no podemos salir. Y lo digo desde un punto de vista personal, ya que creo que después de tantas horas pegado a estos libros hay algunas ideas que se han instalado en mi cerebro de forma permanente. No hablo de ideas de fantasía, conste en acta, sino de aspectos más cotidianos, pues uno de los puntos fuertes de King es su capacidad para enlazar sus narrativas con temas personales como la adicción o la pérdida de un ser querido; temas que siempre acaban volviendo en los momentos más inesperados.

...Y esto me lleva a "El Talismán". Se trata de una de las obras de este sistema, y a pesar de ser bastante tediosa, es increíble. Es una novela que no ha dejado de sorprenderme capítulo tras capítulo, de las formas más absurdas, hasta el punto de que no recuerdo lo que pensé al empezar con la primera de sus 800 páginas.

En su forma más básica, "El Talismán" sigue la clásica fórmula del viaje iniciático, algo que ya se ha hecho mil veces (y por algo será). La trama sigue (sin destripes, tranquilos) a un niño, Jack Sawyer, que debe cruzar América para salvar la vida de su madre. Pero lo que el muchacho no sabe es que va a hacer grandes cosas. Vivirá una montaña rusa, con verdaderos bajones e hilarantes subidas... y vaya una montaña rusa. Estamos delante de una fantasía de corte más bien clásico, lo que marca unas pautas claras, y en ese sentido no va a haber sorpresas; pero eso no significa que Jack vaya a tener un viaje fácil. Las situaciones que vive el protagonista son extremas, lo que le obliga a adaptarse (y en algunos casos incluso a realizar acciones contrarias a sus ideales). Esto convierte al joven en un personaje muy blando que evoluciona constantemente. A pesar de esto, "El Talismán" no es un libro rápido. Es un libro tedioso y episódico, con largos arcos que empiezan esbozando una situación ominosa y van escalando de forma muy progresiva, a veces casi imperceptible, hacia su frenético desenlace. La figura de Jack Sawyer se apoya enormemente en este ritmo, que aporta una muy necesaria verosimilitud a su inevitable transformación en héroe, aunque también hace que la novela sea algo pesada, sobre todo en sus inicios. Dicho de otra forma, "El Talismán" no es un libro pegadizo, y no me ha parecido especialmente fácil de leer. Creo que esto es el resultado de mezclar 2 autores que tienden a invertir mucho tiempo en preparar y contextualizar sus escenarios. No es un aspecto positivo ni negativo, ya que sin este ritmo el libro perdería parte de su esencia, sino una de sus características, una hoja de doble filo por decirlo así.

Por otra parte, cuando las cosas explotan lo hacen de forma increíblemente catártica. Al fin y al cabo, no hay nada mejor que ver a Jack darle su merecido a quien le ha estado atormentando durante cientos de páginas. Excepto que sí lo hay: verle ser la mejor persona. Y es que al final del día, los mejores momentos de "El Talismán" son los más emotivos, cuando el protagonista y sus amigos rompen con el odio y el dolor que les rodea, incluso cuando todo parece perdido. Esa es quizás la esencia del libro: el sacrificio de uno mismo en pro de los demás, y como eso nos hace mejores. Al fin y al cabo, el propio libro explica cómo no puedes decir que algo sea tuyo hasta que no eres capaz de desprenderte de ello. Y todo irá bien, todo irá bien y todas las cosas acabarán bien.


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